Es vital para la Ciencia que escondamos ciertos hechos

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Rebecca Lave* describe la campaña para preservar datos ambientales cruciales amenazados por la Administración Trump

A veces es profundamente angustioso ser correcto. Hasta que Donald Trump inició su presidencia el 20 de enero, todos nosotros en la Iniciativa de Datos Ambientales y Gobernabilidad (EDGI) esperábamos que nuestras miles de horas de trabajo voluntario para archivar los datos ambientales federales y para monitorear los cambios en los websites de la Agencia, presupuestos y políticas podrían ser pérdida de tiempo. Pero hay señales de que no lo fue.
Algunos observadores sugieren que los norteamericanos deberían tomar en serio a Trump, pero no literalmente. No obstante, hemos visto en los primeros días de su Administración una serie de promesas de campaña puestas en marcha, desde el muro a lo largo de la frontera mexicana, hasta la prohibición de refugiados e inmigrantes de siete países predominantemente musulmanes. Estos primeros días también han sido notables por la hostilidad de la nueva Administración a la evidencia y su promulgación de hechos alternativos.
En este contexto, debemos dar importancia a su promesa de rehacer radicalmente la política ambiental de EU, a través de acciones como dar una cuchillada a la fuerza de trabajo de la Agencia de Protección Ambiental en dos tercios, derogando el Plan de Acción sobre el Clima, de la Administración Obama (que deja fuera una estrategia para dar dirección al cambio climático) y quita fondos a los esfuerzos de monitoreo climático de la NASA.
La red internacional de EDGI, con más de 70 científicos físicos y sociales, archivistas, personal de ONGs y programadores respondieron a estos cambios potenciales de diversas maneras.
Trabajando con nuestros asociados en las organizaciones sin fines de lucro de Archivo y Refugio de Datos, estamos organizando numerosos archivos-a-thons, en los que más de 700 personas ya han archivado casi 60 mil páginas web del gobierno federal que contienen información ambiental crucial e identifican cerca de mil 600 conjuntos de datos, herramientas y modelos para descargar.
EDGI desarrolló la infraestructura técnica para habilitar este esfuerzo, desde escribir las cartillas que señalé a los participantes para los datos sensitivos, para programar las herramientas que les permitan archivar exitosamente sus hallazgos. Con nuestros socios, hemos trabajado para establecer la proveniencia y la cadena de custodia para los sitios web archivados y los conjuntos de datos, para que puedan ser utilizados (y citados) con confianza una vez que sean removidos de la supervisión federal.
EDGI también conduce un monitoreo de grano fino de los cambios para más de 25 mil sitios en las agencias ambientales federales. Esto nos permite dar seguimiento cuando desaparecen bancos de información, pero también monitorear los más sutiles cambios en la fraseología y la estructura organizativa, como cuando la oficina de quejas de los ciudadanos de la EPA (Agencia de Protección Ambiental) fue transferida de la Oficina de Derechos Civiles a la Oficina del Asesor General. Este aparente movimiento administrativo tiene un peso real en un país, en el cual los peligros ambientales son desproporcionadamente soportados por los pobres y las comunidades de color, ya que puede desalentar las quejas de justicia ambiental.
Finalmente, EDGI está entrevistando al personal recientemente retirado de la agencia federal para obtener conocimiento interno de la actual transición presidencial y conservar la memoria institucional que probablemente se perderá en cualquier reducción a gran escala.
¿Por qué tanta gente donó mucho de su tiempo a estos esfuerzos? Los datos recolectados por las agencias federales de EU son centrales para la investigación científica alrededor del mundo. Su pérdida o aún interrupciones en su recolección que conducen a rupturas en el registro, podría tener efectos serios sobre la investigación ambiental internacional, particularmente relacionados con el cambio climático. Por eso los científicos europeos han donado miles de dólares a la campaña de recolección de fondos de EDGI. Los datos ambientales federales también son confiados por ONGs de los Estados Unidos, gobiernos locales y muchas empresas.
Perder estos datos por tanto afectaría a la gente común directamente a través de perder servicios locales y trabajos, potencialmente, a través de la creciente exposición a las eventualidades (la ciudad de Filadelfia, como ha señalado el Proyecto Storytelling at Data Refuge, se basa en los datos del Departamento de Energía para evaluar con precisión el riesgo de inundación).
Finalmente, es importante hacer notar que no sólo las bases de datos y las herramientas científicas están en riesgo. El amplio rango de información sobre los sitios web federales es una fuente confíale para el público en general, desde el niño de 11 años que hace un trabajo escolar a los adultos tratando de entender mejor su mundo. Cuando para recoger ejemplos se hace en pocos días, los enlaces a la información básica sobre hidro-fluoro-carbonos fueron removidos del sitio del Departamento de Estado, o enlaces sobre energía renovable y la consecuencia de los combustibles fósiles se removieron de la página de Administración de Información de Energía sobre el carbón, eso empobrece el conocimiento base de millones de personas.
Se debería preguntar si la destrucción deliberada o la ofuscación de información pública son realmente posibles en una democracia moderna. Pero los escépticos necesitan mirar solamente a Canadá, en donde entre 2006 y 2015 se ha visto el cierre y la destrucción de archivos científicos, el amordazamiento de los científicos, los recortes en la investigación ambiental y el desmantelamiento de la regulación bajo la Administración de Stephen Harper.
En verdad, EDGI está directamente inspirado por la Evidencia de Canadá para la Democracia y el Derecho a Saber, la cual se organizó en respuesta a estas acciones e hizo con éxito que la evidencia y la integridad científica fueran una cuestión política nacional.
Mientras la confianza en la evidencia científica no es claramente suficiente para una gobernanza justa y democrática, creemos que es necesaria. Y esperamos que la combinación única de EDGI en archivar, monitorear, entrevistar, nos permitirá no simplemente responder a las actuales circunstancias, sino ayudará a desarrollar visiones concretas positivas para acercamientos alternativos para la gobernanza ambiental.
* Rebecca Lave es profesora asociada en el Departamento de Geografía de la Universidad de Indiana y voluntaria de EDGI.
(Tomado de The Chronicle of Higher Education, febrero de 2017).

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