Educación superior, la clave para mayor libertad

Universidad en el mundo

REINO UNIDO

Simon Marginson *

Última parte

Cuando los políticos del Reino Unido y Michael Gove, partidario de Salir (Brexit), dijeron que la gente ya ha tenido suficiente de los expertos, eso tuvo resonancia en muchos de quienes nunca entraron a una universidad.
Cuando la primera ministra Theresa May dijo si cree que es un ciudadano del mundo, usted es ciudadano de ninguna parte, sentimos el daño. Como si la gente debiera elegir entre identidades singulares, nacionales o globales y fuera antinatural ser ambos.

Construyendo la capacidad humana

No pienso que todavía entendamos plenamente porqué la educación superior sea ahora tan central y educación superior y globalización tan estrechamente entrelazadas. Quizá nuestras herramientas heredadas de las Ciencias Sociales son inadecuadas para la tarea.
La teoría del capital humano representa una importante visión de la manera en que la educación superior construye la capacidad humana y el potencial, a pesar de todo; solamente parte de esta es capturada por las mediciones de productividad, basadas en el valor de mercado de trabajo del posgrado. Las teorías de calidad personal y competencia de posición también proporcionan sólo parte de la historia y todas son esencialmente representaciones, de cómo la educación superior sigue siendo una caja negra.
El economista Amartya Sen se acerca más con su enfoque en la capacidad. Los estudios de enseñanza y aprendizaje que identifican los efectos de la inmersión en conocimiento complejo, también apuntan la vía. La clave, pienso, y aquí descansa el potencial democrático duradero del sector, está en el papel de la educación superior en el fomento de la mediación estudiantil.
La educación superior cambia a la gente. Construye capacidad y confianza, así que los graduados están menos atrapados en sus circunstancias personales y, como hace notar Sen, construir la mediación como una dimensión asociativa, así como una dimensión individual.
El aprendizaje superior fortalece el organismo social colectivo y global. El Shanghai Academic Ranking of World Universities ha convocado este año para una conferencia sobre Universidad de clase mundial: un bien común global y contribución nacional.
Déjeme ilustrarle, recientemente la OCDE publicó Las Perspectivas sobre Desarrollo Global 2017, Migración internacional en un mundo cambiante. Contiene una tabla comparando la movilidad transfronteriza de la gente, con y sin grados universitarios.
Entre esos sin grado universitario, la tendencia de moverse a través de las fronteras es correlativa al ingreso. Como podría esperarse. Cuando aumenta el ingreso, la gente tiene más perspectivas para la movilidad. La capacidad de movilidad está asociada con la ventaja económica y fomenta esas ventajas individuales. Los ricos se benefician más de la globalización. Fin de la historia.
No, no es esto. Entre aquellos con grados universitarios –y el actual ritmo de participación sugiere que pronto será una quinta parte de toda la gente en el mundo– el patrón es diferente. En primer lugar, a un nivel de ingreso dado, aquellos con grados son mucho más movibles que aquellos sin grado. En otras palabras, la educación superior ayuda a democratizar la movilidad, aunque siempre que se pueda llegar a la educación superior en el primer sitio.
En segundo lugar, para aquellos con grado, a medida que el ingreso aumenta, una vez que se alcanza un umbral modesto de ingreso, hay poco cambio en la movilidad potencial.
Mi conclusión es que la educación superior no sólo ayuda a los graduados a lograr una mayor mediación personal, en realidad reduce los efectos de la determinación económica en sus vidas.
La Educación por sí misma acarrea mayor libertad a los graduados. Un efecto no capturado en los salarios de los graduados y en la tasa de empleo, pero profundamente importante. Esto es lo que quiero decir acerca de repensar nuestros supuestos centrales.

Objetivos de derecha alternativa

Esta conjunción de educación superior, movilidad y libertad también ayuda a explicar porqué las personas educadas y los expertos, los cosmopolitas, son objetivos de la alt-right.
Aunque la inequidad económica y la cerrazón social han proporcionado condiciones fértiles para el retroceso, la polarización política tramada por el Partido Independencia del Reino Unido, y por Donald Trump en Estados Unidos, no dependen de la renta o la clase. Hay pobres y ricos en ambos lados de la división. Esas polarizaciones políticas que dependen de la cultura y la educación superior son parte de la mezcla cultural.
Adquirimos cierto sentido de esto desde los patrones del voto en el referéndum del Brexit y en la elección norteamericana de noviembre. Una palabra de advertencia. La votación binaria invoca bloques electorales heterogéneos. Sin duda todos los apoyadores del Brexit fueron persuadidos por argumentos de la derecha alternativa. Algunos dejaron el centro, incluyendo a muchos de las ramas del Partido Liberal.
En Estados Unidos, Trump atrajo los votos de muchos republicanos de toda la vida, que apoyan el partido de Abraham Lincoln. La polarización también difiere parcialmente entre Estados Unidos y el Reino Unido, con etnicidad (raza) y género jugando un gran papel en Estados Unidos. Pero el momentum del Brexit y Trump fue conducido por la alt–right, inescapablemente, y ahí hubo una convergencia en los argumentos, particularmente sobre migración, identidad nacional y la referencia negativa de expertos. Los mejores predictores generales de cómo votaron las personas fueron:
(1) si vivían en ciudades grandes, donde votaron Remain y Clinton, o ciudades pequeñas y áreas rurales, donde apoyaron fuertemente Leave y Trump;
(2) si tenían un grado. Los titulados se concentran en las ciudades. En el Reino Unido, 26 por ciento de posgraduados votó Leave, y también un 78 por ciento de gente sin calificación. Los jóvenes –la más educada generación en la historia del Reino Unido– abrumadoramente votaron por Remain.
En Estados Unidos, Trump celebró al sin educación y aseguró un fuerte golpe entre aquellos que nunca habían asistido a la universidad. Clinton aseguró más de la mitad del voto de un solo grupo de votantes blancos: las mujeres educadas en universidades.

Identidad política

¿Es irónico, no? Una vez que la elevada participación en educación superior y también la Ciencia del clima, se vuelven más centrales, pueden ser utilizados para polarizar a un electorado sobre la base de la identidad. No se puede dividir a un electorado de esta manera, cuando solamente el 5 por ciento va a la universidad.
Pero mientras que la educación superior masiva es más vulnerable políticamente, hay un lado positivo. Porque la educación superior cambia a la gente; porque los graduados tienen una mayor capacidad de manejar la diferencia, el cambio y la complejidad, y están más cómodos con la movilidad y las culturas plurales; la difusión continua de la educación superior reduce el terreno debajo de la derecha alternativa.
Esto se hace siempre que la educación superior sea lo suficientemente equitativa como para seguir atrayendo estudiantes de primera generación y en sintonía suficiente con las comunidades en las que las universidades y los colegios están anidadas.
En países en donde las fuerzas del mercado se han roto, necesitamos moderar la estratificación, fortalecer la calidad y permanencia de instituciones de masas y centrarse en los bienes públicos así como beneficios privados de la educación superior. Indebido énfasis en los beneficios privados en las instituciones de educación superior selectivas, inaccesibles para el promedio de las familias, significa que la educación superior es aislada más fácilmente.
Pero si las instituciones de educación superior adoptan un acercamiento incluyente, no solamente en acceso sino en misión, pueden hacer mucho para reconciliar lo local y lo global y reconstruir la solidaridad social en sociedades fracturadas.

* El profesor Simon Marginson es director del Centro para la Educación Superior Global (CGHE) basado en el Instituto de Educación UCL del Reino Unido, y conduce el programa de investigación global en educación superior. Esta es una versión sintetizada de su discurso para la conferencia anual de CGHE, del 1º. de marzo.
(Tomado de University World News No:449 –Simon Marginson–, marzo de 2017).

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