La joya de la corona

Entre Pasillos

Hablar del posgrado es referirse a la joya de la corona en las instituciones de educación superior; son el mejor parámetro para medir la calidad de su nivel académico y sus posgraduados son la carta de presentación que tienen más allá de sus aulas. No es de extrañar que los mejores programas de posgrado se impartan en las universidades públicas, principalmente en aquellas que han formado a sus propios académicos y que cuentan con los mejores recursos tanto humanos como materiales. Pero, ¿cuáles son sus principales áreas de oportunidad?

En la UNAM, que es la institución con el mayor número de programas de posgrado, se atiende a más de 28 mil alumnos en sus tres modalidades: especialidad, maestría y doctorado; casi 90 por ciento de sus estudiantes cuenta con alguna beca y en las últimas dos décadas ha crecido en casi 70 por ciento. A pesar de estas cifras, pocos de sus programas alcanzan un nivel de competencia internacional.
Actualmente, se trabaja en las modificaciones a su Reglamento de Estudios de Posgrado para impulsar dobles titulaciones, dobles grados y estudios interdisciplinarios. El compromiso inmediato es lograr graduaciones simultáneas con universidades extranjeras, colocar a todos sus planes en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del Conacyt e impulsar la publicación de un mayor número de artículos científicos elaborados por sus estudiantes.
Pero empecemos desde sus orígenes. Las primeras disposiciones legales para el desarrollo formal de los estudios de posgrado pumas se establecieron en 1929. Los grados de doctor y maestro se comenzaron a otorgar de manera continua a partir de 1932, por lo que su labor es pionera en América Latina y forjó el camino para todas las demás instituciones.Sólo para redimensionar el trabajo que se ha hecho, en 1950 existían 39 instituciones de educación superior con una matrícula cercana a 30 mil estudiantes. Ahora, el Posgrado Nacional por sí solo supera con mucho esa cifra, con más de 250 mil estudiantes, concentrados en su mayoría en centros urbanos como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
El posgrado es una de las acciones universitarias que más ha crecido en el país en las últimas décadas, entre otras razones porque su desarrollo y constitución depende de órganos colegiados y no tanto de políticas públicas que se reinventan cada vez que hay cambios de autoridad. En este logro, no hay que dejar de lado el importante papel que ha desarrollado el Consejo Mexicano de Estudios de Posgrado en las últimas dos décadas, con sus estudios, diagnósticos, encuestas y el desarrollo del sistema Observatorio del Nacional del Posgrado.
Y también se ha diversificado mucho este nivel de estudios, pues aunque la mayoría cursa bajo la modalidad escolarizada (más del 80 por ciento), en los últimos años se han incrementado otras modalidades como sistema a distancia. Sin duda ya no es suficiente concluir la licenciatura, cursar un posgrado se ha convertido en un desafío nuevo para las generaciones actuales.
Lo que los posgrados dicen de sus casas de estudios retrata perfectamente lo que sucede en ellas. A pesar del dinamismo con el que se ha desarrollado, no se debe soslayar que las carencias del posgrado son aún múltiples y compartidas por casi todas las instituciones. Entre otras, por ejemplo, se pueden mencionar planes y programas desarticulados de las necesidades del país; escasos programas interinstitucionales; insuficientes programas multidisciplinarios; deserción estudiantil; baja eficiencia terminal y excesiva duración de los estudios con respecto al término previsto por las instituciones; baja productividad en investigación de los docentes; desequilibrios en la oferta de programas; deficiencias serias en los aspirantes; y falta de vinculación con el sector productivo público, social y privado, por enlistar algunos.
Y la gran paradoja: los posgraduados no tienen empleo o reciben salarios muy por debajo del conocimiento especializado que han logrado, por lo que muchos de ellos optan por una vida académica en la institución donde se formaron o, en el peor de los casos, son contratados para desempeñar labores alejadas de toda producción científica.
El país requiere mayor fortaleza en el posgrado si quiere competir en la arena mundial del conocimiento. Es urgente no sólo crecer y ampliar las posibilidades de formación, sino hacerlo más visible y competitivo en el ámbito internacional. Esto significa impulsar, entre otras acciones, publicaciones especializadas y convenios de intercambio permanentes. Asimismo, la suerte de este nivel de estudios depende del financiamiento a las IES públicas y del apoyo que se le brinde al Conacyt para otorgar becas y abrir puentes.Las empresas deben también contribuir con esta tarea. No se trata sólo de engordar matrículas, sino de mostrar cualidades.

Matemático de 100

Una felicitación a José Antonio de la Peña por convertirse en el tercer matemático en ingresar a El Colegio Nacional y convertirse en el integrante número 100 de esta distinguida agrupación. Sin duda un reconocimiento más que merecido…

 

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