APLAUSO Y SILBIDO

Deportivo

Por Ricardo García Estrada

• Cuervo, un vago del deporte
• El tackleo de frente con Villela
• Admiró a Humberto Aréizaga

El nombre de Raúl Figueroa Cuervo seguramente es desconocido para las nuevas generaciones de aficionados al futbol americano de México, pero quienes disfrutaron de este deporte en los años 50 y 60 deben tener presente sus actuaciones con los bachilleres de la Preparatoria Dos y los gallos de Comercio de la UNAM.
Egresado de dicho plantel preparatoriano, donde estudió la secundaria y el bachillerato, entre 1956 y 1963, el ex halfback izquierdo se hizo notar en su niñez y juventud en otras disciplinas deportivas, no únicamente en el futbol americano.
“Siempre fui un vago del deporte, ya que también me gustaba el futbol soccer. Te estoy hablando de los años 50, cuando en los que en las calles de casi todas las colonias de la Ciudad de México se organizaban juegos de tochito y cascaritas de soccer”, reveló el ex habitante de la Colonia Industrial, cuna de un sinfín de jugadores de futbol americano que con el paso de los años destacarían en liga mayor.
Cuando cursaba el tercer grado de secundaria “me enteré de la existencia de los bachilleres y me integré al equipo, cuyo head coach era Rubén charro Castelán, quien fue alumno de la misma escuela y años más tarde, trainer de los pumas en categoría mayor”.
Figueroa formó parte de los bachilleres en los niveles infantil y juvenil, además de una temporada con los canarios de la Preparatoria Uno, también en esta última categoría, en su ruta hacia liga intermedia con los gallos de la Facultad de Comercio (conocida hoy como de Contaduría y Administración), uno de los equipos más competitivos de aquellos años.
Cuervo, apellido con el que se le ha identificado, manifestó que su presencia en ese equipo (1962 a 1964) fue a sugerencia del charro Castelán y a petición expresa del coach Neri, el entrenador en jefe de los gallináceos.
“Cuando llegué al equipo de Comercio, precisó el ex corredor de bola, había un clan muy fuerte formado por los Giordano: Alejandro, ala derecha; Juan, halfback izquierdo y Marco, mariscal de campo.
“Siempre quise ser el mejor y me esforcé para ese fin e incluso en la precampaña me adueñaba del primer equipo, pero durante la temporada regular Juan Giordano se adueñaba de la titularidad en nuestra posición”. Sin embargo, Raúl pudo participar en varios juegos con notas relevantes, a tal grado que Manuel Neri se expresó en fecha reciente de su ex pupilo como “un magnífico jugador”.
Recordó Figueroa Cuervo cuán difíciles eran los entrenamientos. Por ejemplo, asegura que en las sesiones de tackleo de frente le costaba trabajo superar a José Luis Villela (+), fullback de los pumas en los años 60: “Algunas ocasiones sometí a Villela, pero casi siempre me superaba”, destacó el también camarada de otros brillantes jugadores de los gallos, entre ellos Guillermo Wignall y Pedro Loredo, halfbacks derechos (este último, de los pumas en 1967); Mauricio bimbo Calderón, fullback …
Figueroa detalló que en las filas de los bachilleres tuvo también sobresalientes compañeros y amigos, por ejemplo Víctor Manuel de Santiago Fuentes (colaborador de esta publicación), centro; su hermano Jorge (+), quarterback; Raúl pato Caballero y Eusebio capulina Subeldía (+), tackles; los hermanos Centeno. En fin…

La disciplina, fundamental

En el futbol americano y todos los deportes, es indispensable la disciplina, ya que sin la misma es difícil aspirar a los éxitos en el deporte y en otras actividades de la vida. Dijo Raúl Figueroa que “tuve coaches que nunca descuidaron ese aspecto. Por ejemplo, el charro Castelán supo imponerla frente al equipo de la Prepa Dos, al igual que Adalberto Moreno Salgado (+), quien estuvo al mando también de los inolvidables bachichas.
“La disciplina impuesta por ambos coaches, así como por Manuel Neri, me ayudó sobremanera en la chamba porque pude trabajar en equipo e instar a mis compañeros a ser leales a su institución laboral y otras actividades de la vida”.

Anhelos no cumplidos

Todos los jugadores de futbol americano tienen entre otras metas participar en el máximo circuito y terminar sus estudios. Sin embargo, Figueroa Cuervo no pudo concluir su carrera en la Facultad de Contaduría de la UNAM. Tampoco le fue posible ser jugador de los pumas: “La chamba y no haber pertenecido a una familia rica me hicieron desistir de ambos propósitos. En el futbol americano, mi estatura de 1.65 metros y 58 kilos de peso no me habrían ayudado a participar en liga mayor.
“Referente a la escuela, el horario de mi trabajo era incompatible para seguir estudiando, pero afortunadamente hice carrera en esa institución en la que empecé desde abajo y me jubilé como subdirector de finanzas a nivel general”.

Aréizaga y Alex Esquivel

Quienes han practicado algún deporte tuvieron ídolos y el deseo de ser como ellos, sin ser Figueroa la excepción:
“Admiré a Humberto Aréizaga (+), fullback de los burros blancos del IPN en los años 50. Fue un jugadorazo de extraordinarias cualidades, y me quedé con las ganas de vestir un jersey con el número 33, el que él usaba. Pero pude optar por el 25, mismo que identificó a Víctor pinole Vélez, ex jugador de los pumas que vivía también en mi colonia, la Industrial”.
El entrevistado comentó por otra parte que en cierta ocasión, Guillermo López Portillo (+), entonces reportero de la fuente del diario Excélsior, lo comparó, por su estilo de correr, con Alejandro Esquivel, jugador de los aztecas del Mexico City College en los años 40.

Pasión en la época de oro

Conocedor de la época de oro del futbol americano en México, Cuervo expuso que “la integraban el Poli y la UNAM, cuyos jugadores sentían un gran cariño por su Alma Máter y a sus respectivos colores, sin becas de por medio como se ha hecho costumbre en algunos equipos.
“No había límites por la pasión en torno a este deporte y al Clásico entre burros blancos y pumas. En la víspera de este juego no pocos aficionados pasaban la noche cerca de las taquillas del estadio para adquirir a temprana hora del día siguiente sus boletos e ingresar al inmueble e instalarse en las gradas a la altura de la yarda 50, área que permite al aficionado apreciar bien los encuentros.
“El juego daba inicio a las cuatro de la tarde, pero desde las 10 de la mañana empezaban a poblarse las tribunas, así que a la hora del kickoff inicial, el estadio lucía a su máxima capacidad. Estoy seguro que si algún día se realiza una edición más del Clásico, el escenario donde se programe lucirá lleno hasta el tope”.
Raúl lamentó la disminución del entusiasmo por el futbol americano en nuestro medio, en parte por la piratería de jugadores que emprenden algunos coaches sin escrúpulos, para hacer más fuertes a sus equipos en encuentros desiguales, en los que llevan todas las de ganar.
“Además, existen jugadores que no sienten cariño por los colores de sus equipos ni a las instituciones que representan. Es un secreto a voces que participan por amor a las prebendas que, se dice, les ofrecen por abajo del agua, lo que ha ocasionado el mercenarismo”.

Deportista completo

En la época en que Raúl Figueroa Cuervo laboró en el sector bancario, fue activo competidor en los juegos deportivos de ese gremio, participando en futbol soccer y atletismo, disciplinas en las que brilló como el metal de las medallas que obtuvo.
“En 1966, a los 23 años, sufrí una lesión y fue necesario que me injertaran hueso, terminando así mi carrera de panadero, como se identifica al que practica el balompié”.

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