Designación autónoma

Entre Pasillos

JOSEFINA GALLARDO

Eduardo Backhoff Escudero es el presidente electo del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) para, al menos, los próximos doce meses. Se trata de un académico serio, conocedor del tema y quien vivió de cerca el nacimiento de este organismo, desempeñándose primero como consejero técnico y después como director del Área de Pruebas. Ahora su reto es consolidar la autonomía institucional y ofrecer información que permita que la toma de decisiones en materia educativa se sustente en hechos concretos y específicos.

El tema de la autonomía además no le es ajeno; en su desempeño como docente de la Universidad Autónoma de Baja California participó en forma muy activa en la creación del Observatorio Académico Universitario y en el cual siempre expuso claramente su posición a favor de la institucionalidad. Es un hombre que no se calla ante lo que se deba decir y no teme abollarle la corona a nadie, atributo esencial para dirigir a un organismo como el INEE.
Aunque su designación pareció fácil, en realidad planteó cuestionamientos acerca de la autonomía del Instituto encargado de la evaluación educativa en el país. Backhoff es el primer presidente electo por la Junta de Gobierno; su nombramiento fue a partir de la votación secreta de los cinco consejeros, ya que constitucionalmente tienen esa atribución. En otras palabras, fue electo por la Junta de Gobierno a la cual él mismo pertenece y, a su vez, la consejera presidenta saliente, Sylvia Schmelkes, ocupará el sillón que deja Backhoff como consejero.
El nuevo presidente estará en el cargo hasta el próximo año, debido a que su periodo como consejero finaliza en 2018, aunque puede reelegirse si el presidente Enrique Peña Nieto lo nomina y entonces podrá ser consejero presidente otros dos años más; el año próximo, por cierto electoral y en medio de lo que serán las campañas para la Presidencia, deberá darse este paso, en forma tal que debe evitarse poner en riesgo la autonomía institucional. Cabe señalar que corresponde al Senado la elección o ratificación del cargo de consejeros del INEE “previa comparecencia y valoración de méritos de las propuestas”. De 2018 a 2020 podrá afianzarse o ponerse en duda la autonomía institucional en la designación de consejeros, quienes pueden ser reelectos una vez más. El panorama político del país marcará algunas de estas pautas.
Mientras tanto, tiene un año para continuar con el trabajo que se desarrolla. El punto central es que al INEE le corresponde ofrecer información certera y contundente para definir y redefinir las políticas educativas, así como el trabajo de sus actores y la estructura de sus procesos; son el laboratorio del análisis educativo, y brinda información a un sistema que adolece de muchos males como la inequidad y pobreza, así como la falta de calidad educativa en la formación de jóvenes que carecen de las competencias básicas para hacer frente a los retos de la vida cotidiana.
El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación ha respondido a su encomienda; fue el primer organismo que presentó una investigación seria sobre violencia escolar y también fue el primero que puso, con datos certeros y contundentes, en el debate el derecho a la educación. Más de una vez la autoridad educativa ha querido intervenir en su tarea, creando incluso otras pruebas como lo fue en su momento Enlace. También han querido intervenir los grupos empresariales que buscan siempre sacar provecho de los rankings para promover la educación privada. Ni qué decir de las críticas e intervenciones del SNTE y de todos aquellos que se oponen a la evaluación de los docentes. Así que lograr la autonomía no fue por simple decreto y Backhoff lo sabe: cualquier error puede costar su legitimidad y credibilidad ante una sociedad que demanda un mejor sistema educativo y que es fácil de convencer a través de las redes sociales.
El INEE ha trabajado mucho, pero aún nos queda a deber; fue creado hace 17 años y desde 2001 ha brindado de manera puntual informes anuales que dan cuenta de la situación del sistema educativo nacional. Cuando fue creado, se dijo que una generación educativa abarcaba 25 años y que solamente en ese tiempo se podían hacer juicios certeros acerca de los avances. Estamos a ocho años de cumplir un ciclo generacional y en materia educativa se ha avanzado muy poco si hacemos las comparaciones entre evaluaciones.
El trabajo ahora es continuar con la evaluación del servicio profesional docente, de los distintos componentes del Sistema Educativo Nacional; emitir lineamientos que regulen las evaluaciones que realicen las autoridades educativas en el marco de sus competencias. En pocas palabras, darle a la evaluación su lugar como política de Estado.
Aunque los resultados de las evaluaciones del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación se pueden ver en la gran cantidad de publicaciones con las que cuenta, el trabajo de Eduardo Backhoff y del equipo de consejeros es fortalecer la autonomía del organismo para servir al sistema educativo nacional, más allá de las filias y fobia políticas que quieran intervenir en esta materia. El presidente consejero tiene carácter para evitar las intromisiones y dejar en claro que les compete la evaluación y no la definición de políticas educativas.

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