Después de la tempestad

Entre Pasillos

JOSEFINA GALLARDO

La designación de Eduardo Peñalosa Castro como rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana pone fin a una serie de dimes y diretes que se vivieron al interior de la institución en el último mes, principalmente a partir del momento en que se dio a conocer la lista de los doce aspirantes. Sin duda, el nuevo timonel tendrá mucho trabajo, principalmente en poner orden al revoltijo que se armó.

Fue una designación rápida, ríspida y de malas jugadas, que golpearon incluso a la Junta Directiva, lo que hace ver que probablemente el modelo de autonomía institucional debe discutirse y determinar los límites del poder que ejerce quien es el rector general, así como el de los órganos colegiados con los que cuenta.
Las críticas al grupo elector giraron en torno a que no se designó al noveno miembro; también se dijo que de los ocho que la conforman, uno no se tomó en serio el papel asumido y que en realidad fueron siete los que trabajaron; se criticó su conformación, ya que la mayoría de ellos son de ingreso reciente. A esto hay que sumarle que existe en puerta una discusión que ya llegó incluso a tribunales externos relacionada con el límite de edad y que nada abonó a la transparencia con la que fundamentan sus decisiones.
También hubo duras críticas en la forma en que se organizaron, ya que el Observatorio Académico denunció que los grupos de la Unidad Xochimilco coparon los espacios de las entrevistas a favor de sus candidatos, “dejando en desventaja a quienes deseaban participar con su opinión libre”.Y en medio de la lluvia de críticas, cuatro de los cinco rectores de Unidades, quienes además estaban en la lista inicial de aspirantes, criticaron que la Junta Directiva sólo se entrevistó con la terna y no con los doce iniciales, lo que calificaron como una decisión “inédita, difícilmente justificable”, y que “va en contra del espíritu universitario de intercambio de ideas”.
En fin, esta parte de la designación sólo permite el análisis de la renovación urgente de la UAM. Ya no son tres unidades sino cinco, lo que cuestiona si nueve miembros de la Junta Directiva son suficientes y representativos de una institución que ha crecido tanto. Y en este análisis de gobernabilidad de la UAM, se abren otras preguntas más: ¿es viable que sea la única institución sin reelección de rectores general y de Unidades? ¿Qué beneficios le ha dejado este blindaje político? ¿Son suficientes los requisitos que se piden para formar parte de una terna? ¿Los consejos académicos y el colegio académico funcionan como debieran o imitan un esquema de asambleísmo sin discutir profundamente temas relacionados con la vida institucional? Y la pregunte clave es: ¿sigue estando la UAM en la lista de las tres instituciones más importantes en la demanda de aspirantes o simplemente se ha convertido en la opción que les tocó?
La designación de Peñalosa, ex rector de Cuajimalpa es una oportunidad para que la Casa Abierta al Tiempo discuta su destino. ¿Acaso les parece digno en una universidad con sus dimensiones y trayectoria histórica que la discusión para elegir a su rector general haya estado plagada de descalificaciones hacia los aspirantes? Señalamientos de corrupción; de formar parte de partidos políticos con miras al 2018, y hasta acusaciones relacionadas con acoso sexual y fotografías que demeritan mucho la discusión académica. Eso es lo que se vivió en el marco de un cambio de autoridad, sólo por mencionar parte de la imagen de la UAM en las últimas semanas.
Así que finalmente, ante la propuesta de una terna, se polarizó la comunidad universitaria y la Junta Directiva eligió al más transparente y con un plan de trabajo sólido. En cuanto a Norberto Manjarrez lo persiguieron los fantasmas de la duda en el manejo de los recursos relacionados con la recuperación del Teatro Casa de la Paz, pero sobre todo era visto como la continuidad del rector saliente al que le han llovido las críticas por su autoritarismo.
A Iris Edith Santacruz Fabila, quien renunció como coordinadora de asesores en el Instituto Politécnico Nacional, se le señaló con nexos cercanos a José Narro, actual secretario de Salud, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, y quien podría aspirar a la Presidencia en 2018, lo que despertó muchas suspicacias. La descalificación sin fundamento sólido la acompañó desde que se postuló como aspirante al cargo.
En fin, la Junta Directiva eligió a Peñalosa Castro, quien entre otros puntos, propone la reorganización institucional a través de la conformación de un Consejo Consultivo integrada por académicos destacados de diferentes sectores de la sociedad. A la UAM le urge colocarse otra vez como voz crítica y propositiva de los problemas sociales. ¿En qué momento perdió ese papel?
A Peñalosa le toca un trabajo de reconciliación y conciliación de intereses; si no escucha las voces críticas, tendrá un rectorado lleno de dificultades, pues ya se vio claramente que hay muchos que lanzan piedras y esconden la mano. Esperemos que esta pesadilla de una institución plagada de intereses de grupo haya concluido con la toma de posesión del nuevo rector, y que dejó en claro la urgencia de reorientar el destino de la UAM hacia un camino donde el paisaje real sea lo académico.

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