Opaca transparencia

Entre Pasillos

JOSEFINA GALLARDO

Cuando la duda acecha, la transparencia es insuficiente; explicar a detalle una decisión pierde efecto si se hace a destiempo, aunque sea objetiva y jurídicamente correcta. La Junta Directiva de la Universidad Autónoma Metropolitana debe reconciliarse con su comunidad y debe hacerlo de manera inmediata, en vísperas de la elección de rector de la Unidad Azcapotzalco, por demás empedrada y fuera de lo que históricamente ocurría.

El cambio que debió haber sido en junio será ahora hasta septiembre. Decidieron, sin criterio claro que lo justificara, que lo harían después de elegir al rector general, cuyo proceso de selección estuvo plagado de girones y malas jugadas. Como órgano colegiado, la Junta Directiva no sólo debe designar autoridad, sino brindarle legitimidad. Eduardo Peñalosa Castro empezó su gestión con grandes dudas de la comunidad acerca de si fueron realmente escuchadas todas las voces o simplemente decidieron a ojo de buen cubero quien dirigiría los destinos de la UAM los próximos cuatro años.
Estamos en agosto y la Junta Directiva de la UAM aún está incompleta. La designación de Pedro Moctezuma Barragán se hizo casi medio año después de la salida de Enrique de la Garza Toledo, y todavía son ocho sus integrantes por la renuncia de Óscar Terrazas Revilla porque “no comparte más el sentido de las decisiones de la Junta Directiva ni la forma en que construye acuerdos”.
Todo esto lució nebuloso, sobre todo si se hace también lectura a la carta de María Elena Alvarez Buylla Roces, quien dice que parte de lo accidentado del proceso de designación del máximo timonel de la UAM fue consecuencia de decisiones propuestas por el propio Terrazas Revilla, quien “defendió su calendario vehementemente” y de quien surgió la propuesta de invertir el orden de designaciones de la Rectoría General y de la Rectoría de la UAM Azcapotzalco. Nadie entiende nada.
Y entonces para aclarar un poco el panorama, por primera vez en la historia institucional –algo que no debe verse como una concesión sino como un derecho de todos– se hizo pública el acta de las reuniones de trabajo que culminaron con la elección de Peñalosa Castro y esto, entre otras razones, los rectores de cuatro Unidades de la UAM cuestionaron la cerrazón de la Junta y también su trabajo por la vía de fast track, resultado del trabajo de un día de entrevistas y unas cuanta horas de deliberación.Y aunque ahora las actas se hacen públicas, la verdad es que palo dado…
Así sabemos que un trabajo que debió ser de nueve, lo realizaron sólo siete, entre otras razones por decisiones amañadas del rector general saliente, Salvador Vega que –dicen las voces– quería allanarle el camino a su delfín Norberto Manjarrez Álvarez porque trabajaría para limpiar la duda surgida por el manejo de recursos destinados a la recuperación de Casa de la Paz.
Por esta razón no es fortuito que las palabras de Peñalosa Castro al tomar posesión del cargo refirieran que la Universidad Autónoma Metropolitana debe asumir su responsabilidad ante la sociedad y “ser una casa de cristal que rinda cuentas y haga uso impecable y transparente de sus recursos” y que, como acción inmediata, se hará un recambio en sus cuadros administrativos. También anunció que en la Secretaría General de la universidad será nombrado un académico comprometido con el cambio y el mejoramiento de la institución.
La estructura administrativa de la Casa Abierta al Tiempo es todo un tema; es mayor a lo planeado cuando se creó la UAM y está anquilosada y también con serios problemas con las jubilaciones, amén de que el SITUAM es un organismo gremial de proporciones inesperadas. Es momento de replantearse cómo debe conducirse en materia administrativa esta institución y eso se logrará con una figura de Rectoría General firme y bien coordinada con los demás órganos colegiados.
Pero el primer punto que hablará de la relación del nuevo rector general con los integrantes de la Junta Directiva será la asignación del rector de la Unidad Azcapotzalco, la cual deberá ser abierta y quizá menos sesgada, proporcionándoles el mismo tiempo de entrevista a los integrantes de la terna. La transparencia que este proceso necesita debe ser expedita y sin mayores trabas institucionales que comprometan la calidad moral de este órgano colegiado y los resultados hacerlos públicos casi de inmediato.
Con la salida de Óscar Revilla, en la Junta Directiva sólo quedan dos conocedores de la Unidad Atzcapotzalco: Arturo Robledo y Rodolfo Santa María, quienes son profesores titulares desde hace varias décadas y conocen el devenir de esta universidad desde el trabajo en las aulas; también saben que no es bueno despertar el espíritu democrático en las comunidades estudiantiles. Sólo falta una Junta Directiva que ntienda que no deben hacer cosas buenas que parezcan malas, pues no hay manera de devolver la confianza en una comunidad que siente que no ha sido escuchada.

Crisis jarocha

Otro proceso de designación en puertas es el de la Universidad Veracruzana, el cual ha sido muy publicitado en medios locales. Aquí la moneda está en el airea para la actual rectora Sandra Ladrón de Guevara, quien busca la reelección ante una comunidad dividida en opiniones y lastimada en sus finanzas. Este proceso de ratificación o elección se realiza bajo circunstancias complejas debido a la situación administrativa institucional, consecuencia de una mala autoridad estatal. De eso hablaremos en la que sigue…

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