En tiempos turbulentos, la confianza es crucial para las universidades

Universidad en el mundo

EUROPA

Wilhelm Krull *

Estamos viviendo en tiempos turbulentos. Los movimientos nacionalistas, los populistas, los separatistas parecen crecer por casi toda Europa. Lo que es aún más aterrador, sin embargo, es la tendencia en varios países, como Hungría, Polonia y, en particular, Turquía, a transformar a los gobiernos –una vez democráticamente elegidos– en regímenes autocráticos.
En varios niveles están restringiendo la libertad académica y violando los Derechos Humanos básicos. La xenofobia y la discriminación contra el personal y los estudiantes extranjeros (estudiantes nacionales primero) son alimentadas por partidos extremistas ahora representados en parlamentos en Francia, Bélgica y los Países Bajos hasta Dinamarca, Suecia y Finlandia, pero también en Austria y Alemania.
A pesar de la gran variedad de diferentes sistemas de educación superior e investigación en Europa, así como las estructuras institucionales bastante diversificadas y a menudo multifacéticas en cada país, podemos observar actitudes negativas e incluso hostiles contra las elites cosmopolitas, la experiencia basada en la investigación y la evidencia la formulación de políticas en muchos, y esto afecta a las universidades.
Si bien, a principios de la década de 2000 hubo un acuerdo generalizado de que el proceso casi simultáneo de creación, distribución y absorción de nuevos conocimientos –facilitados por la comunicación electrónica y las conexiones personales globales– tendrían un enorme impacto en la internacionalización de la educación superior y la investigación, estamos ahora confrontado con muchas voces que piden un enfoque exclusivo sobre las prioridades locales y nacionales, en particular los mercados laborales nacionales. La creciente popularidad de los movimientos nacionalistas y populistas indica una pérdida de confianza en las élites políticas, económicas y académicas establecidas, así como en el asesoramiento basado en la investigación.
Las políticas proteccionistas, la construcción de muros y vallas y los intentos de cerrar instituciones con mentalidad internacional, como la Universidad Centroeuropea de Budapest, se encuentran entre los signos más alarmantes de una tendencia creciente a restringir o incluso descartar los principios y condiciones previas de una sociedad abierta.
Los ataques bastante frecuentes contra los valores democráticos y cosmopolitas, la creciente tendencia hacia una retribalización del discurso público, así como una implosión de lo que solíamos llamar la esfera pública (que ha sido más o menos reemplazada por cámaras de eco y redes populistas de indignación) ya no permiten una actitud, hasta ahora bastante común, entre académicos y científicos que disfrutaron el placer de los márgenes al colocarse fuera de los debates políticos. Para los académicos de toda Europa es cada vez más urgente concebirse a sí mismos como ciudadanos globalmente preocupados, que operan más allá de las instituciones académicas.
Las tendencias antiacadémicas imperantes en varios países deberían proporcionar suficientes razones para que defiendan los Derechos Humanos básicos de sus colegas así como los múltiples controles y equilibrios (incluida la división de poderes) que caracterizan a una democracia que funciona bien.
En lo que respecta a la Academia, será esencial recuperar la confianza en la experiencia científica y académica, así como en su modo de operación a través de varios pasos y medidas. Éstas incluyen: • Nuevos modos interactivos de comunicación que intentan superar las asimetrías aún existentes; • Mayor transparencia con respecto a los procesos y procedimientos involucrados en la generación de nuevos conocimientos; • Aumentar las oportunidades para la participación de los ciudadanos en los procesos de establecimiento de agenda, así como en los proyectos basados en la ciencia ciudadana; • Nuevos modos de operación tales como grupos focales, conferencias de consenso y consultas en línea; • Más intercambios bidireccionales de puntos de vista y preocupaciones, y una percepción mutua de los riesgos; • Reconfigurar los procesos de consulta para facilitar debates sobre escenarios de futuros deseables y la co-creación de posiciones comunes.
Poner estos puntos en práctica no es para nada sencillo. Se necesita mucho coraje para defender las propias creencias en estos tiempos turbulentos. Pero aún más importante que eso será un cambio fundamental en las prácticas de comunicación hasta ahora comunes.
En lugar de hablar principalmente con el público, será esencial que los científicos y académicos escuchen ante todo a las personas que se encuentran frente a ellos, tomen en serio sus preocupaciones, presten atención a las presiones sociales a las que están expuestos y tengan paciencia. Teniendo en cuenta que superar las diferencias emocionales puede importar al principio tanto o más que la coherencia y la coherencia de los argumentos respectivos.
Dado el hecho de que en varias de las encuestas más recientes realizadas en Europa la proporción de personas que respaldan la opinión de que la educación superior y la investigación contribuyen significativamente al bienestar futuro de nuestras sociedades, ha estado disminuyendo rápidamente (en particular, entre las partes menos educadas de la población) tenemos motivos más que suficientes para abrir laboratorios y aulas para el pensamiento crítico y creativo y para embarcarnos en nuevos modos de interacción en al menos algunas de las esferas públicas bastante diversificadas. El verdadero desafío, sin embargo, es acercarse a aquellas personas que parecen sentarse cómodamente en sus redes autoafirmativas y cámaras de eco llenas de prejuicios contra los extranjeros y fuertes creencias ideológicas en la superioridad de su propia tribu.
Parece ser una tarea casi imposible. Pero al perseguir este esfuerzo bastante urgente y socialmente importante, tal vez sea bastante útil recordarnos a nosotros mismos las palabras de Samuel Beckett: “Siempre lo he intentado. Alguna vez falló No importa. Inténtalo de nuevo. Fallar nuevamente. Fracasa mejor.”
* Wilhelm Krull es el secretario general de la Fundación Volkswagen, la mayor organización privada sin ánimo de lucro alemana para la promoción de la Investigación y la Educación en Ciencias, Ciencias sociales y Humanidades. Dio una plática en la Conferencia Nuevo Nacionalismo y Universidades en la Universidad de California, Berkeley, EU, el 17 de noviembre.
(Tomado de University World News 482, noviembre 2017).

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