¿Cómo cambiar la escuela?…

Universidad en el mundo

FRANCIA

Encuentro con Jean-Michel Blanquer y Edgar Morin *

(Parte 1)

¿Qué escuela queremos? ¿Cómo adaptarla a los desafíos de hoy? ¿Y por cuáles palancas conducir el cambio en una institución a menudo percibida como esclerosada? Estas preguntas de fondo ameritan un renovado debate, colectivo, porque desde Jules Ferry todo ha cambiado: los individuos, la sociedad, la economía, las vías de acceso al saber.

Jean-Michel Blanquer, ministro de la Educación Nacional, reserva a las Ciencias humanas su filosofía de la escuela y su concepción de su propio papel, en un diálogo en profundidad con el sociólogo Edgar Morin, defensor de una Educación más innovadora. Con respeto, muchos puntos de acuerdo, pero también algunas diferencias, el científico y el político dibujan los contornos de su escuela ideal.

– Ustedes tienen en común haber expresado en vuestros respectivos libros el desde de una escuela de la vida ¿Comparten la misma filosofía de la Educación?…

Edgard Morin.- La escuela debe conciliar tres misiones fundamentales: antropológica, cívica, nacional. Antropológica, porque no sólo la cultura debe completar la humanización del niño, sino que debe también ayudar a cada uno a desarrollar lo mejor de sí mismo, el ser humano siendo capaz de lo mejor o de lo peor, de descender o ascender. Cívica, porque se trata de formar ciudadanos capaces a la vez de autonomía individual y de integración en su sociedad. Nacional, porque la escuela debe contribuir a mejorar la calidad de vida y pensamiento de la sociedad francesa. En el fondo, la escuela debe permitir a cada uno que realice sus aspiraciones, pero siempre en el seno de una comunidad. Es por eso que diría que ella cumple plenamente su papel cuando se las arregla para enseñar conjuntamente la idea de la responsabilidad personal y la solidaridad con los demás. Aprender a vivir (la fórmula es de Rousseau), es preparase a afrontar los problemas de su vida personal y cívica, tomar conciencia de los riesgos de error e ilusión, lidiar con la incertidumbre, los peligros, lo inesperado.

Jean-Michel Blanquer.- Esta definición me parece muy completa. Añadiría que el conjunto de esos elementos me parecen relacionarse a la cuestión de la libertad. Toda educación es en principio una educación para la libertad; cada acto de educación toma su sentido por la dimensión de libertad suplementaria que le confiere al niño, al adolescente e igualmente al adulto.

Esta libertad no es adquirida. Es un libertad-construcción, para la adquisición progresiva y estructurada de conocimientos y valores: conocimientos que permitan levantarse, encontrar su dominio de excelencia, su camino, que nunca se congela; y esos valores están en la base de la sociedad. Cada clase es una pequeña república, en donde el niño se inicia a la vida en sociedad.

– ¿Cuáles son sus referencias intelectuales en materia de Educación?

Edgard Morin.- En lo que me concierne, evidentemente son Montaigne, el primero en afirmar que “más vale una cabeza bien hecha que una completa” y Rousseau. La literatura también ha contado mucho. Por ejemplo, Dostoievski, que no tiene nada de pedagogo, indirectamente me enseñó algo que me gustaría que se enseñara a los estudiantes de hoy: el sentido del sufrimiento humano, la compasión, el perdón, etc. Conozco evidentemente a María Montessori, Célestine Freinet, Paulo Freire, pero en materia de educación, es el conjunto de mi cultura lo que me sirve de referencia.

Jean-Michel Blanquer.- Las referencias antiguas para mi permanecen inmejorables. Cuando Platón explica que la primera cualidad del filósofo es el asombro, nos señala algo que va mucho más allá de la definición de Filosofía. El asombro es un elemento clave de la condición humana. Es primero, fundador. El niño llega a la escuela maternal lleno de un asombro que le es propio, fuente de curiosidad y de placer, y se debe saber cómo hacerlo un uso pedagógico. Aristóteles también es fundamental sobre el tema de la Educación como en todos los demás, aunque solo sea porque él es el primero en pensar que la libertad es el fin último de la Educación, lo que contrapesa Platón bajo otros aspectos.

Rabelais representa un cambio en el pensamiento occidental, del cual Montaigne es el digno heredero: los dos han permitido una profunda reforma de la Educación. Finalmente, no puedo no citar a Condorcet, en la hora moderna, cuyo pensamiento ha sido estructurador. Desde el comienzo, indica una línea que todavía es nuestra hoy, la elevación del individuo y de la sociedad por la Cultura.

– ¿Este ideal, inspirado por la Ilustración, cada vez es más discutido: se le reprocha negar la diversidad de los alumnos y las aptitudes a nombre del universalismo. Este modelo es pertinente todavía hoy, mientras se expresan otras afirmaciones más concretas: permitir a cada joven encontrar su camino, para abrirse e ingresar al mercado de trabajo ?

Jean-Michel Blanquer.- Creo que hace falta no oponerse demasiado a las misiones históricas de la escuela. Están allí porque son fundamentales. En cambio, hace falta estructurarlas en el tiempo. La primera parte de la escolaridad, de la maternal hasta el college, debe permitir a cada uno adquirir esta base de conocimiento, de competencias y de cultural no utilitarista que permiten vivir, simplemente. El niño aprende a leer, escribir, contar; también aprende a respetar a los otros. Es posible ofrecer algunas diferenciaciones, pero sin perder de vista lo más importante, que es dar a todos esa cultura general, esas humanidades clásicas y esas humanidades numéricas indispensables para transitar en la civilización a donde entramos.

Que una cierta dimensión práctica e utilitaria intervenga más tarde, en la secundaria, no me parece del todo sorprendente, al contrario. La diferenciación toma entonces sentido, si sólo porque las aspiraciones son diferentes de un adolescente a otro. En este momento reflexiono en el porvenir de los liceos profesionales y de aprendizaje, en la manera de renovarlos, de darle más atractivo en el marco de una filosofía de una formación a lo largo de la vida. El error consiste en encerrar a los alumnos en los pasillos: a la inversa, se necesita multiplicar las pasarelas entre las diferentes ramas de la formación que existen en la secundaria, en la universidad, en formación continua.

Edgard Morin.- No hay elección entre un conocimiento humanista y un know-how utilitario, en los pasillos, es necesario conciliar uno con el otro en todos los niveles de la escolaridad. Añado que la escuela no debe adaptarse solamente a las necesidades profesionales o técnicas de una sociedad; debe igualmente adaptar las necesidades de una sociedad a las de la cultura. Es necesario inscribirse en su época (aunque sea para desafiarla), pero siempre debe estar contrapesada por el acceso a una cultura multisecular y multimilenaria, para las Humanidades, la Literatura, la Historia y aún las antiguas Lenguas. Desde este punto de vista, me regocijo de que Jean-Michel Blanquer haya restablecido la posibilidad de estudiar el latín o el griego en la universidad.

– ¿Desearía ver evolucionar los programas escolares, por ejemplo integrando los nuevos conocimientos o competencias?

Edgard Morin.- Si tomo en serio esta idea de enseñar a vivir, creo que existen carencias fundamentales en los programas. En particular falta una enseñanza sobre lo que es el conocimiento, sus dispositivos, sus enfermedades, sus dificultades. El conocimiento, no es una fotografía objetiva de la realidad, lista para emplear; es un proceso de traducción y de reconstrucción, donde siempre se corre riesgo de equivocarse.

O precisamente, una de las primeras necesidades de vida, en todas las edades de la vida, es conocer las posibles fuentes de errores e ilusiones. La lucidez en un combate para el cual debemos armar a los espíritus. No importa ir mal en la escuela. Se puede también ir mal, con unas consecuencias más dramáticas, sobre la elección de la carrera, sobre la elección de la amistad, la elección amorosa, la elección política. El riesgo del error y de la ilusión es una cosa de la cual nunca ha salido la humanidad.

Existe otro tema que me parece indispensable introducir; el de la comprensión del otro. Su alcance es global. Sin cesar estamos en contacto con las culturas de todos los países del mundo que necesitamos comprender. Al interior de cada familia, de cada organización, los fenómenos de incomprensión son múltiples. He aquí dos brechas actuales: el conocimiento y la comprensión humana. Evitar al máximo los errores que pueden a veces ser mortales, y para entender a los demás sin despreciarlo, saber que el otro es a la vez semejante a sí mismo y diferente de sí mismo.

Jean-Michel Blanquer.- Tomo una idea de Edgar Morin: me parece fructífero explicar las apuestas de vida que están escondidas detrás de las enseñanzas, en particular al inicio de cada gran ciclo. El niño está listo. Por ejemplo, existen diferentes experiencias de talleres filosóficos en la escuela maternal, gracias a los cuales el niño comienza a adquirir una especie de conciencia de la vida, un arte de dar un paso atrás respecto de las cosas y las emociones. Con el descubrimiento de la Cultura, del arte y de la música, se despliega su sensibilidad… esto es una epistemología a menudo inconsciente, que ya está presente en las clases, pero que hace falta explicitar. La clase de sexto se prepara también a este tipo de explicitación, porque se trata de un momento iniciático. El niño entra en una especie de pre adolescencia, siente volverse grande. Nuestras sociedades secularizadas tienen necesidad de reinventar lo que existía en las sociedades de antes: una forma de iniciación para ingresar en la adolescencia. La epistemología, es decir el conocimiento del conocimiento para ir en el sentido de Edgar Morin, puede contribuir a ello.

– Edgar Morin, en su libro Enseñar a vivir, usted consagra un capítulo a la historia de Francia. ¿Cómo enseñar esta historia sin caer en la trampa de una novela nacional patriótica y mitificada?

Edgard Morin.- Por mi parte pienso que la historia de Francia debe continuar siendo enseñada de manera cronológica. Esta historia es suficientemente novelesca y patética en sí para que no haya necesidad de fabricar una novela nacional. Hacerla conocer me parece indispensable en este periodo de crisis de integración, porque permite comprender el proceso de afrancesamiento del territorio. Toda la historia de Francia puede ser leída como la formación progresiva de una unidad multicultural, a partir de una pequeña región de Île-de-France bajo Hugues Capet: hizo falta integrar a pueblos heterogéneos: bretones, alsacianos, languedoques, catalanes, flamencos, con Lenguas y culturas diferentes. Esta integración se hizo por la brutalidad, pero también por los matrimonios mixtos, las comunicaciones y los intercambios. Es una historia singular, completamente diferente, por ejemplo, de la historia americana.

Jean-Michel Blanquer.- Me parece bien lo que dice Edgar Morin de la historia. Es muy cierto. Me parece importante que esta trayectoria de la construcción nacional sea comprendida para poder adherirse a ella, para poder incorporarla.

* Jean-Michel Blanquer es ministro de la Educación Nacional desde el 17 de mayo de 2017, igualmente está a cargo de las cuestiones de la juventud y de la vía asociativa. Previamente, ha sido rector de la Academia de Guyane y de la Academia de Créteil, director general de enseñanza escolar (diciembre 2009-noviembre 2012) y director general del grupo Essec. Diplomado de una maestría de Filosofía (U. Paris-I), tesis de Derecho (IEP-Paris). Ha escrito La escuela de la vida (Odile Jacob, 2014) y La escuela de mañana (Odile Jacob, 2016).

Nacido en 1921, Edgar Morin es sociólogo y filósofo, director Investigación emérito en el CNRS. Ha abierto numerosos sitios en Antropología, en Sociología (estudiando la cultura de masas, la juventud, y elaborando una sociología del presente), antes de consagrarse a su proyecto: la teoría de la complejidad. Su obra atraviesa por un constante cuestionamiento sobre lo que es el conocimiento: sus condiciones, su naturaleza y sus fines. El primero que bajo esta ángulo aborda las grandes apuestas de la Educación, principalmetne en La Tête bien faite (La cabeza bien hecha 1999), Conectar los conocimientos, (1999) y Enseñar a vivir (2014).

(Tomado de Sciences Humaines –Héloïse Lhérété et Jean-François Dortier–, diciembre de 2017).

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