Educación superior en campaña

Entre Pasillos

Estamos a un paso de iniciar campañas políticas y la educación superior pinta poco en las plataformas de los candidatos. Analizaremos cada una de ellas con el sano propósito de visualizar cómo será la relación del nuevo gobierno con las universidades públicas.

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En el documento Proyecto de Nación 2018-2024, el candidato de Morena hace referencia a la educación laica, universal, democrática, gratuita y nacional como eje de su discurso, es decir, el fundamento del Artículo Tercero Constitucional creado hace algunos ayeres por Jaime Torres Bodet.

También refiere que todos los jóvenes tendrán acceso a la preparatoria y a las universidades públicas, es decir, decreta 100 por ciento de cobertura en estos niveles educativos bajo la tutela del Estado. ¿Cómo lo hará? Es el gran misterio por resolver, pues debe entenderse que las universidades públicas no tienen la capacidad de atención a la totalidad de su demanda y se les brindó autonomía para tomar las decisiones que sean las apropiadas para su propia gestión. Los exámenes de nuevo ingreso no son producto de un falaz egoísmo y los ninis no surgieron por capricho de los rectores.

Sin embargo, este discurso de López Obrador no es novedoso; desde que fue jefe de gobierno creó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México que si bien atiende una demanda de jóvenes rechazados en otras instituciones, aún no se tiene un seguimiento claro del resultado de sus egresados. ¿Cuántos tienen empleo? ¿En dónde trabajan? ¿Cuenta con algún equipo de investigadores destacados? Y lo más importante: no da cobertura a todos los rechazados de las demás instituciones.

En el mismo proyecto, hay una parte novedosa que refiere brindarle autonomía a las universidades privadas “que han demostrado su compromiso con la calidad y la mejora continua”. Es decir, a pesar de ser instituciones que responden –a su modo de ver– a grupos de poder contrarios al desarrollo social, a corporaciones religiosas o a intereses de los poderosos, se les brinda el privilegio de obtener su autonomía si alcanzan altos estándares de desempeño.

En el análisis jurídico, la autonomía se otorga a las universidades públicas para tener capacidad de administrarse a sí mismas y a su patrimonio y para la libertad de cátedra; ¿en qué consistiría la autonomía de una universidad privada? En términos legales las IES particulares serán autónomas y gozarán de plena libertad académica, entendida no sólo como el ejercicio de la más irrestricta libertad de cátedra, sino para elaborar sus planes y programas de estudio. Por lo tanto, las grandes universidades privadas han sido siempre autónomas y reconocidas por la autoridad educativa y hablar de su autonomía es tema para un debate más amplio.

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¿Qué le falta a este proyecto de nación en materia educativa? Más información y menos discurso; más estrategia y menos promesa. Cae en lugares comunes. Por ejemplo: “la exclusión de millones de jóvenes por falta de lugares en las aulas ha sido una de las causas preponderantes de la descomposición social que padece el país”; o esta otra: “Durante más de una década los gobernantes en turno se han interesado más por alentar la construcción de cárceles que por fundar nuevas universidades o reparar las escuelas primarias, muchas de las cuales se encuentran en condiciones ruinosas”.

Y falta mayor énfasis en la educación media superior, la gran ausente y la que requiere atención con mayor urgencia, a pesar de que desde 2012 se estableció su obligatoriedad en la Carta Magna. Es el nivel en el que existe la mayor deserción y en el cual las brechas de calidad se hacen evidentes. Los indicadores educativos dados a conocer por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación señalan que no será sino hasta después de 2022 cuando se logre la universalización de este nivel.

En materia educativa el nivel medio superior tiene el siguiente problema: su complejidad. Este nivel está conformado por tres modelos educativos, cuatro tipos de sostenimiento con un total de 35 subsistemas, lo que hace muy difícil su gestión y atención. Así que decir que habrá cobertura universal casi casi por decreto, es no entender la dimensión del problema.

Ahora bien, con todo lo dicho hay que reconocerle que hasta el momento es el único candidato con un proyecto de nación que toma en cuenta el ámbito educativo. Estaremos pendientes en la atención de este tema en el transcurso de las campañas. Por ahora, mucho ruido y pocas nueces

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