La mujer mexicana en la Universidad

Escribe en esta edición

Yolanda Gayol

¡Cuidado con ese comentario!
se acerca el Día Internacional de la Mujer.
No importa; todos los demás días son del hombre.
Anónimo

El pasado 8 de marzo se conmemoró, una vez más, el Día Internacional de la Mujer. Inusitadamente, en lugar de celebraciones, en todo el mundo hubo protestas ante la inequidad prevaleciente. A través de manifestaciones masivas se demandó acabar con la brecha salarial, luchar efectivamente contra el acoso sexual, terminar con la violencia de género y exigir equidad general. En España se organizó una huelga feminista que convocó a 59 millones de personas en numerosas ciudades españolas. En Francia, el periódico Libération se vendió 25 por ciento más caro a los hombres para evidenciar la desigualdad en el pago al trabajo femenino. Respecto a la brecha salarial, la Organización Internacional del Trabajo reportó que las mujeres ganan 15 por ciento menos de salario que los hombres, en la región latinoamericana. Por lo que respecta a México, hubo movilizaciones en diez estados, en los cuales los feminicidios ocuparon un lugar prominente entre las protestas contra la desigualdad impune (El Universal, 2018). En este artículo se analiza la relación entre mujeres y universidad.

La mujer en la Universidad

Es intrigante observar que, salvo contadas excepciones, el sector con mayor escolaridad entre la población mexicana no acepta a las mujeres como sus líderes. Entre las excepciones se encuentran: la Universidad Veracruzana, institución que ha reelegido a la rectora Sara Ladrón de Guevara (UV), la rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro, Margarita Teresa de Jesús García, la rectora de la Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO), Silvia Paz Díaz Camacho, y la rectora de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco (UAM-X), Patricia Alfaro Moctezuma. Así, en el gobierno universitario no hay proporción a reportar, sino una escandalosa desproporción.

Es difícil explicar en términos racionales esta situación si observamos que la población estudiantil femenina en nuestro país (1.8 millones) constituye el 49.34 por ciento de la matrícula total (ciclo 2015-2016) (SEP, 2018). Ello significa que una de cada dos estudiantes de licenciatura es mujer. Por ello la citada desproporción no puede explicarse en términos de falta de preparación”.

En relación con los estímulos a la investigación se observa que en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), solamente el 36 por ciento del padrón está constituido por mujeres (Conacyt, s.f.). La noticia también reporta que, según la UNESCO, el 45.2 por ciento de las personas que realizan investigación en América Latina y el Caribe son mujeres, es decir, casi 10 puntos por arriba de las mujeres que gozan del SNI en México. El SNI es coordinado por Conacyt, entidad que por cierto, en toda su historia, no ha tenido una sola mujer que lo encabece.

Lenguaje y género

El español es un lenguaje de género que en su forma escrita, sistemáticamente privilegia al género masculino y anula la existencia de la mujer.

No deja de ser irónico que las casas editoriales con frecuencia embozan, mediante el lenguaje, el papel de la mujer en la historia, aún en el caso de reportar el desempeño de las mujeres, como se muestra en la imagen adjunta.

En la esfera pública existen algunos signos positivos en el cambio de lenguaje. Por ejemplo, el Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México ha definido un reglamento para proteger los derechos del género femenino en las dependencias, entidades y órganos político-administrativos de la ciudad que ha sido publicado en el Diario Oficial de dicha entidad. Ahí se establece la obligatoriedad de utilizar “un lenguaje incluyente, no sexista y no discriminatorio”, en los periódicos, la publicidad, las imágenes, las revistas, la radio, la televisión y el Internet. El lenguaje incluyente se define como “el conjunto de palabras e imágenes que visibilizan la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y su contribución a la sociedad”. Al respecto, en el artículo quinto establece que se debe “usar el femenino y el masculino en los artículos, pronombres, sustantivos, adjetivos, cargos y profesiones para asegurar la presencia explícita de las mujeres y hombres en el lenguaje. En la medida de lo posible –se recomienda– utilizar la categoría personas (CDMX, 2017, pp. 10-11).

Peroelestablecimientodeleyesylacreacióndenuevosorganismosburocráticosnoessuficiente.

La desigualdad de oportunidades de liderazgo y desarrollo profesional, la violencia física y simbólica y la doble jornada paralamujeruniversitarianoesinevitable.NuevaZelandahapuestoelejemploallograrlaequidadsalarial,yNicaraguahaconseguidolaigualdadenlarepresentaciónpolítica.

Hallegadolahoradehacerefectivosloscambiosensalarios,respeto,oportunidadesdeinvestigaciónyaccesoaposicionesdeliderazgo.Haynecesidaddeestablecerprácticasefectivasderespetoalaequidaddegéneroenellenguaje,larepresentaciónsimbólica,lossalarios,lasoportunidadesdedesarrolloprofesionalyelliderazgoinstitucional.SinoempezamosporlaUniversidad….¿Dónde?…

Referencias:

CDMX (2017, 19 de mayo). Lineamientos para promover el uso del lenguaje incluyente y una imagen de las mujeres libre de prejuicios y estereotipos en las campañas publicitaria y en toda aquella información que difundan las dependencias, entidades y órganos político administrativos de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

Conacyt (2017). Aumenta la participación de las mujeres en la ciencia. Comunicado 44/17 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Revisado en https://www.conacyt.gob.mx

El Universal (2018, 9 de marzo). Así se vivió en el mundo el Día Internacional de la Mujer. Sección Mundo.

SEP (2018) Sistema Nacional de Información de Estadística Educativa.

* Yolanda Gayol es Faculty Fellow en Fielding Graduate University.

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