Razones de fondo

Entre Pasillos

JOSEFINA GALLARDO

Más allá de hablar acerca de violaciones a la autonomía universitaria, lo que implicaría el ingreso de la Policía Federal a los distintos campi universitarios tiene que ver con impedir que la violencia dañe a las comunidades. La forma de hacer frente a este problema es bloqueando el mercado y no con pistolas y amedrentamiento. Los acontecimientos recientes en la UNAM son una voz de alerta de lo que sucede en las universidades del país. El narcomenudeo se ha convertido en un enemigo silencioso que pone en riesgo la integridad de quienes asisten a tomar clases diariamente.

Es violencia desbordada, pues ataca a una comunidad que se prepara para afrontar los retos futuros del país; que aprovecha la vulnerabilidad de la edad de estos jóvenes, quienes experimentan todo el tiempo y buscan respuestas a sus inquietudes; que se refugia en la autonomía, a la que miran como extraterritorialidad; que tiene secuestrado al Auditorio más importante de Ciudad Universitaria y que detiene lentamente el desarrollo cultural y científico a la vista de todos.

La preocupación del rector Enrique Graue, quien heredó este problema al interior del campus y que, tristemente, ya forma parte de nuestra cotidianidad social, es que si ingresa la policía a la institución significaría tener una amenaza permanente hacia la comunidad, por varias razones. La principal es que estarían en medio de un fuego cruzado entre buenos y malos; algunos estudiantes podrían ser confundidos con los malos; otros más podrían estar en el lugar y el momento equivocados, y habría una acechanza constante y temor de ser atacados.

En fin, la solución a este problema no es el ingreso de la policía, sino el control del campus universitario. Todavía está presente en la memoria de la comunidad puma esa madrugada del año 2000 cuando la Policía Federal ingresó para devolver las instalaciones a los universitarios, pues fue una muestra de la imposibilidad de resolver sus conflictos mediante el diálogo. Las palabras jefe nato son claras: “vivir constantemente en un estado de vigilancia armada nunca fue, ni será, una opción a ser considerada”.

No obstante, las medidas tomadas por la autoridad universitaria no son suficientes, pues se quedan en el plano disuasivo y de convencimiento a la comunidad estudiantil para no dar pie a la existencia de este narco mercado. El temor lo resumen Graue con esta frase: “en los días y semanas por venir, escucharemos voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas, algunas que quisieran vernos o armados o militarizados; y no pocas aprovecharán los momentos políticos electorales que vivimos en nuestra nación para internar desestabilizarnos”.

El timonel puma está pasando quizá por la crisis más severa de su aún corto rectorado, pues tiene que elegir las medidas a tomar con mucha prudencia. No es menor lo que está en juego: es la integridad física y moral de los integrantes de su comunidad, acechada por maleantes. Lo que ya es visible es una campaña hacia los estudiantes para que no compren la droga: Cada vez que compras droga en la UNAM, todos lo pagamos; No es tu amigo, es un narco, entre muchas otras frases que, por sí mismas, no resuelven el problema, pero sí muestran una intención de que no llegue más lejos.

Predeciblemente, y en el marco de los tiempos electorales a los que hacía referencia el rector Graue, esta campaña ya despertó intereses mezquinos al interior de la UNAM. Una tercia de grupos, que se hacen llamar Juventud Revolucionaria-GAR, Liga Estudiantil Democrática y Juntas Defensivas Universitarias, ha criticado las medidas de la Rectoría y se pronuncia por un debate incluyente y democrático. Supongo que se refriere a un debate con los narcomenudistas, quienes seguramente tienen derecho de exponer los riesgos que toman y la vida difícil que llevan. Desde luego que estos supuestos grupos estudiantiles, invadieron de memes las redes y al campus universitario con burla a la campaña y no falta tampoco su discurso de “defensa a los derechos humanos y a la autonomía universitaria”. Muy oportuno en el arranque de campañas.

El hecho ha ido avanzando y trascendiendo porque la urgencia es inminente. Así lo muestra el convenio firmado, a través de la ANUIES, por 191 universidades tanto públicas como privadas con la Secretaría de Gobernación, para que se tomen medidas y se ponga a las instituciones a salvo del narcomenudeo.LabatutadelareuniónlallevótambiénelrectorEnriqueGrauequienentreotrospuntos,señalóqueenMéxico,en2017,casiseduplicóelconsumodedrogasentrelosjóvenesde12a17añosdeedad;elconsumodemariguanatambiénseduplicóenjóvenesde18a34añosyelconsumodeestupefacientespasóde2.3a4.6porcientoenelmismoperiodo.Ensíntesis:silosjóvenesestánenfermosseremosmuyprontounasociedadsincontrol.

La decisión fue acertada y bien pensada; este enemigo sólo se vence afuera de las instituciones universitarias que, dicho sea de paso, no son las responsables de que exista. Con la unión de las mismas, será más fuerte del impacto de exigir que se detengan a los narcomenudistas antes de que ingresen a las universidades. Quedo claro: nunca la autonomía ni la integridad de las universidades se ha defendido con armas en las manos.

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