Un año de Donald Trump:¿van bien o mal las universidades de EU?

Universidad en el mundo

ESTADOS UNIDOS

Por John Morgan

Conclusión

John Morgan viajó a la Universidad de California, Berkeley, un campo de batalla clave en las guerras culturales, para evaluar el estado de ánimo hacia la educación superior de EU y las amenazas que enfrenta.

Terry Hartle, vicepresidente de Gobierno y Asuntos Públicos en el Consejo Norteamericano de Educación, describe los hallazgos del Pew Center como alarmantes y materia de gran preocupación para todos los líderes universitarios. Hartle, alguna vez descrito como el principal gestor de la educación superior (ES) de Estados Unidos (EU), añade que el sector anteriormente descansaba en el apoyo político bipartidista, pero los hallazgos son consistentes con algunas de las cosas que escuchamos, informalmente, de los republicanos en el Capitolio. Hartle ve que la libertad de expresión como sólo uno de los factores que cuentan para la declinación de la fe de los republicanos en las instituciones de ES. Otro es que hay una parte del Partido Republicano que simplemente no cree en para qué se usa la Investigación científica, lo que puede disminuir el apoyo para las universidades. Y una tercera cosa, piensa Hartle, es que la ES correcta o incorrectamente es vista como de élite. Vivimos en una era muy populista en EU y cada vez que tienes populismo, a las élites no les va demasiado bien

Hartle señala como evidencia adicional “especialmente desde la Gran Recesión, que los votantes blancos de la clase trabajadora están muy inseguros… si financieramente vale la pena obtener un grado universitario”. Y este grupo es “la pieza central del voto a Trump”. Simplemente no hemos hecho una labor suficientemente buena, para subrayarle a esa parte de nuestra ciudadanía que la ES es la mejor inversión que hará la mayoría de la gente”. Anthony Monaco, presidente de la Universidad Tufts, de Boston, culpa también a “factores económicos como el costo de la educación superior y el aumento de las disparidades económicas en nuestro país” de las “visiones negativas de la ES que se han vuelto comunes en ciertos sectores de la sociedad norteamericana”. Y admite que él “está muy preocupado.”

Pero no todos están convencidos de que la encuesta de Pew muestra lo que se ha reclamado. Lanae Erickson Hatalsky de un grupo de análisis centrista Third Way y Ben Miller de un grupo de análisis Center for American Progress han descrito a la encuesta como “redactada vagamente”, y sugiere que ha sido sobreinterpretada. Apuntan a una Civis Analytics poll de 5 mil 600 americanos, conducida de agosto a septiembre, en la cual el 86 por ciento de quienes respondieron está de acuerdo con la declaración de que es “más fácil conseguir un buen trabajo con enseñanza media superior… que sin ninguna”. Es “un recordatorio de que a pesar de los encabezados… la necesidad de la Educación más allá de la preparatoria mantiene una amplia popularidad en nuestro país, y eso no parece que va a cambiar nunca”, escribe. Sugiere que la encuesta de Pew no refleja la diversidad del sector de la Educación en Estados Unidos, y pregunta si algunos republicanos están descontentos específicamente con las instituciones de cuatro años.

Eloy Ortiz Oakley es rector del Sistema de Colegios Comunitarios de California, el cual, con más de 2 millones de estudiantes, es el sistema mundial más grande de ES. Llama a los hallazgos de Pew como “signo problemático” indicando que mucha gente “no ve la directa conexión (entre) movilidad económica en la educación superior”.

En su punto de vista, “la gente tiene esta angustia en torno a lo que ven como los de la élite, aunque nuestro presidente proviene de eso… y lo vinculan a la educación de élite en las universidades, ya sea Harvard, Yale o Berkeley. Y entonces hacen conclusiones muy generales de que ese (elitismo) es el caso para toda la Educación Superior”.

De hecho, sin embargo, “la mayor parte de los estudiantes que vienen a nuestros colegios (de la comunidad) y universidades públicas son estudiantes de primera generación que solo quieren conectarse con la economía y que se parecen mucho a los estadounidenses de la clase trabajadora”, dice Oakley.

“Así, tenemos que encontrar la manera de desconectar estas dos visiones de la educación superior. Pienso que podemos encontrar fallas en las universidades selectivas y de élite, pero eso no es lo que sucede en el 90 por ciento de otros colegios y universidades”.

 

Datos reveladores

Esta visión es respaldada por una reciente investigación conducida por Raj Chetty, profesor de Economía en Stanford e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigación Económica. Chetty conectó datos de ingreso familiar de más de 30 millones de graduados universitarios, las instituciones a las que asistieron y las ganancias de sus graduados. Encontró que los “chicos cuyos padres están en lo alto del uno por ciento de la distribución del ingreso están 77 por ciento más dispuestos a asistir a una universidad de la Ivy League, que aquellos cuyos padres están en el quintil de ingreso bajo. Pero también hallaron que esa proporción del quintil de abajo a arriba es más alta en ciertas universidades públicas de nivel medio como la City University of New York y las universidades estatales de California. Y descubrió que Berkeley era la institución más efectiva para tomar a estudiantes del bajo 20 por ciento de la distribución del ingreso familiar y les consiguen trabajos en el 1 por ciento superior de la distribución del ingreso.

Robert Nelsen, presidente de California State University-Sacramento, tiene en su oficina una silla de montar maltratada que alguna vez pudo haber pertenecido a Calamity Jane: un recordatorio de cómo “creció en la pobreza” en un rancho de Montana y que “sin una educación, todavía estaría trabajando en un rancho y haciendo trabajo duro”.

Describe los hallazgos de Pew como que “Es increíblemente decepcionante… pensar que cualquier persona en Estados Unidos pensaría que las universidades no están para apoyar lo que estamos tratando de hacer”. ¿Qué ha hecho que Estados Unidos tenga éxito? Comenzó con las universidades de concesión de tierras”.

Nelsen apunta el hecho de que California debería estar clasificada como la sexta más grande economía mundial si fuera un país independiente Por qué? Porque tiene 23 (ramas de la Universidad Estatal de California) y tienes un sistema de colegios comunitarios que es increíble, y se tiene un sistema Universidad de California que está produciendo algo de la mejor investigación que se está haciendo en el mundo, “La Educación ha hecho de California lo que es. La Educación hace a los Estados Unidos lo que son”.

¿Pudiera ser, sin embargo, que la encuesta de Pew refleje una insatisfacción cultural con las universidades y colegios entre los republicanos, en vez de cualquier escepticismo acera de los beneficios de un grado? La investigación señaló una “brecha ideológica entre los republicanos, estableciendo que “cerca de dos tercios de los conservadores republicanos (65 por ciento) dice que las universidades tienen un impacto negativo, comparado con el 43 por ciento de los republicanos moderados y liberales.” Pero con republicanos conservadores en ascenso, esto puede ser poco confortable para los líderes de Educación Superior.

Arthur Milikh es director asociado del Centro B. Kenneth Simon para Principios y Políticas en la Fundación Heritage, el think tank conservador donde Trump eligió pronunciar su discurso principal sobre la reforma tributaria en octubre. Mientras que las preocupaciones de la libertad de expresión se han “convertido en un grito de guerra”, él cree que la “desconfianza de las universidades por los conservadores en EU va a más profundidad”.

Milikh arguye que, en la raíz, la insatisfacción surge desde un escasez percibida de “defensores de la tradición del pensamiento occidental y el modo de vida” entre los académicos y la prevalencia de una enseñanza que se burla de esa tradición e intenta “demostrar a los estudiantes lo tonta y vacía que supuestamente es”. “La atmósfera intelectual en los campus conflictúa profundamente a los conservadores”, dice. “En muchos campus se ha vuelto casi imposible para los profesores publicar investigaciones en defensa de la familia tradicional sin ser etiquetados como fanáticos por los estudiantes y colegas y denunciados por la infraestructura de la diversidad”.

Su remedio es que haya “más conservadores” en el campus, lo que para él significa “personas que enseñen los libros esenciales del canon occidental y los tomen seriamente”. Por esta razón, ahí se necesita un esfuerzo concertado para contratar profesores que tomen seriamente la tradición occidental, y las descripciones de trabajo debe coincidir con estos valores en lugar de otros valores”, dice Milikh. “Si hay tal esfuerzo, los programas de doctorado tendrán algunos ajustes y capacitarán a tal gente.”

La Century Foundation de Shireman ve una antipatía a la élite de la ES en algunas de las medidas del histórico proyecto de reforma fiscal aprobado antes de Navidad por las mayorías republicanas en el Senado y la Cámara de Representantes. Aunque la intención de la Cámara de considerar exenciones de matrícula para estudiantes graduados como ingreso con impuesto –que podría haber agregado más de 10 mil dólares a las facturas de impuestos de algunos estudiantes de posgrado– se eliminó de la legislación final, sigue habiendo un impuesto sobre grandes dotaciones universitarias: la factura final impondrá un impuesto de 1.4 por ciento a las instituciones con dotaciones de más de 500 mil dólares por estudiante, afectando a unas 30 instituciones. A los políticos “les gustaría derribar la educación superior de élite, pero también saben que nuestras universidades de investigación han contribuido enormemente al éxito de nuestra economía”, dice Shireman.

La Fundación Heritage de Milikh dice que el estatus de libre de impuestos está “acordado para instituciones que representa un bien público ambiguo”, como el de las iglesias y de caridad. “Si es el caso, las universidades se han convertido (a) en el eje central de la transformación de la cultura estadounidense y (b) una especie de aparato del Partido Demócrata, para que ya no desempeñen el bien público objetivo al que sirvieron inicialmente, entonces creo que ahí es donde la idea de gravar sus dotaciones proviene de los conservadores”.

Milikh está en el preámbulo de un informe examinando el financiamiento federal en la ES, que espera influenciar a la Administración Trump. “Los financiamientos para temas no científicos, no de defensa, en las universidades es muy grande y extremadamente difícil de identificar”, dice. “Y creo que los contribuyentes merecen saber a dónde va su dinero”.

A su vez, Shireman apoya “la idea de poner presión a la élite universitaria para que se abra más a los estudiantes de bajo y mediano ingreso”. Pero si esa fuera su motivación, argumenta, los republicanos deberían introducir objetivos para el ingreso de los mejores estudiantes de dichas universidades, con el impuesto de dotación solo si los objetivos se perdieron. Esta “sería la política lógica populista para promulgar”. Sin ella, el impuesto equivale simplemente a una arremetida, dice: un dedo medio para la educación superior, transmitiendo un mensaje republicano de no nos gustas.

También piensa que los ataques a las universidades se han hecho más virulentos por la presencia de una “mentalidad antiintelectual en la Casa Blanca”, y el hecho de que tales actitudes sean “dominantes en el Partido Republicano”, como un todo. Ha habido planes legislativos para recortar el apoyo financiero a la ES, “pero usualmente ha sido en una situación en la que el Congreso ha estado más dividido o en manos de la otra parte, y no había una gran posibilidad de que todo fuera implementado”, dice Shireman.

Excesos políticos

Anthony Monaco, el presidente de Tufts, admite que hay “excesos políticos en los campus, en ambos extremos del espectro político”. Por tal razón “necesitamos continuar trabajando como puente y aprender de las diferencias, así podemos mejorar el entendimiento”.

Destaca la Iniciativa Acortando las Diferencias, lanzada en otoño 2017, que intenta “colocar a Tufts para ser líder nacional e internacionalmente en apoyar y desarrollas estructuras, procesos y capacidades para comprometerse constructivamente en las diferencias”. Y apunta el récord de la universidad de traer “voceros potencialmente controvertidos al campus sin protestas disruptivas” mediante la celebración de eventos públicos junto a ellos, que presentan “estudiantes con diferentes puntos de vista”.

En el frente económico, Eloy Ortiz Oakley, rector de Sistema de Universidades Comunitarias de California, habla acerca de los norteamericanos de clase trabaadora” de 50 años de edad “que egresaron de preparatoria y consiguieron un buen trabajo, pero durante la recesión fueron desplazados, y ya no pueden tener el asidero. Y ven a todos estos universitarios tomando los trabajos. Entiendo esa frustración. Pero precisamente eso quiere decir que, nosotros como educadores tenemos que hacer un mejor trabajado para ayudar a que esos trabajadores desplazados obtengan nuevas habilidades. Y no hemos tenido esa conversación, creo que esto es desafortunado”.

La priorización pública de las contribuciones a las economías regionales puede ser otra forma de proteger a la educación superior de las guerras culturales, el fuego cruzado.

Como Times Higher Education informó previamente, la Universidad Jhon Hopkins y la Universidad de Pennsylvania han hecho camino aquí, como instituciones ricas que abrazan su papel cívico en las áreas necesitadas de Baltimore y Filadelfia en donde están localizadas. Pero el impacto de esos esfuerzos sobre las percepciones públicas puede ser limitado, a menos que las instituciones de élite también admitan a jóvenes de entornos de bajo ingreso.

En su discurso a la conferencia sobre el nuevo nacionalismo” de Berkeley, Christ dice que no apoyar la libertad de expresión “se inscribe en una narrativa de la extrema derecha para desacreditar a las universidades. Entonces es extraordinariamente importante que no juguemos ese papel en esa narrativa”. Pero Brady cree que defender la libertad de expresión para los del ala derecha es insuficiente para resolver la actual división en la sociedad de EU. Se necesita tener lugares donde la gente pueda sentarse y hablar entre ellos”, dice. “También necesita tener instituciones dedicadas a la verdad. Eso es lo que los medios acostumbraban en este país. Ahora no lo es tanto, desde que ha sido destripado por el aumento del aparato de Silicon Valley. Y Silicon Valley aún no se ha tomado el trabajo de preocuparse demasiado por la verificabilidad de las cosas que aparecen en sus páginas web. “Entonces, ¿qué queda? La Educación Superior. Y estamos dedicados a la verdad: realmente nos importa eso”.

Cierto, para Robert Nelsen de Sacramento State, el papel de la Educación está íntimamente ligado no tanto a la política de partido como a la salud de la misma política estadounidense. “Estamos educando a la población que hará que la democracia exista y continúe existiendo”, dice. “Cuando ingresé a la Administración (de universidades) nunca pensé que estaba defendiendo la democracia. Ahora entiendo que eso es lo que estoy haciendo de muchas maneras”.

(N.B. Por imperdonable error, la parte anterior de este análisis fue atribuida a The Chronicle of Higher Education. La autoría de las mismas pertenece a The Times Higher Education).

(Tomado de Times Higher Education, febrero de 2018).

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