Luis Porter
Toronto, agosto de 2010. Copiar a otro, sin pagar derechos, es robar, por eso existen leyes de derechos de autor, para proteger a los dueños de trabajos originales. Claro, la cuestión sería probar qué tan originales son, porque los atributos de originalidad dependen de reglas de juego muy discutibles que no inventamos nosotros.
¿Quién decide, entonces donde comienzan mis ideas y terminan las de los demás?
Responder a esta pregunta se ha vuelto mucho más complejo en la era digital. Esto es tan cierto que estas leyes, sujetas a cambios periódicos, han quedado retrasadas al punto que muchos países han perdido la sincronización que llevaban con la WIPO (siglas en inglés de World Intellectual Property Organization).
La Organización sobre Propiedad Intelectual es una de las agencias especializadas de las Naciones Unidas. Los derechos que cobra la han hecho millonaria, basta ver la inmensa torre vidriada, que es apenas la sede de la WIPO en Ginebra, Suiza. Fue creada en 1967 y su objetivo es proteger los derechos de los que se asumen propietarios intelectuales de sus obras (las influencias no llevan porcentaje). Cada país va actualizando estas leyes, pero la vertiginosidad de sus cambios se ha recrudecido en estos tiempos globalizantes de franquicias y piratería.
Canadá se encuentra actualizando su legislación por medio de la nueva ley C-32. Las negociaciones previas, han sufrido especial presión por parte de los secretarios de Educación de cada provincia, que buscaron que se reconociera al sector Educación como uno donde es necesario flexibilizar y abrir más la posibilidad de copiar. El problema ha sido definir los límites. Se busca mayor flexibilidad y permisividad en el uso de material escrito así como a su reproducción por medio de las nuevas tecnologías para imprimir. De 1971, cuando se introdujo la máquina Xerox, a hoy, el sentido de la palabra página o copia ha avanzado espectacularmente. Esto incluye lo que conocemos como una actividad creciente entre académicos y estudiantes: copiar y pegar.
Por ello las compañías editoriales, ven con alarma la inclusión del sector educación como beneficiario de esta nueva libertad. Se preguntan si, por ejemplo, la biblioteca de una institución educativa, podrá comprar un libro de texto y permitir que los estudiantes hagan las copias que necesiten. O si cualquier universidad o profesor, podrá escoger fragmentos, o capítulos de diferentes libros y hacer un compendio como bibliografía para su curso, sólo que legalmente. Hay muchísimos otros ejemplos, pensemos en un clásico club de lectores, asumiéndose como un grupo educativo con permiso a piratearse cada mes las novelas que leen. O imaginemos este mismo club ubicado en una comunidad rural, o urbana marginada, aprovechando la posibilidad de bajar sus costos reproduciendo textos sin tener que comprarlos o pagar derecho de autor.
Ahora el problema se ha centrado, aquí en Canadá, en definir el alcance de la palabra educación, pues los políticos gobernantes quieren que el aprendizaje a distancia, y todo lo que utilice tecnología digital, ponga en contacto a las comunidades remotas y aisladas con las lecturas que requieran y puedan reproducir textos con la mayor libertad. Por su parte, tampoco los liberales, actualmente en la oposición, han mostrado inclinación por abogar a favor de las empresas editoriales o de los escritores.
Cabe notar que la WIPO es una instancia que cobra derechos que generan una inmensa riqueza. Sus tentáculos no se detienen en la palabra impresa, también administran el Tratado de Cooperación de Patentes, las Marcas Registradas, el Sistema de Diseño Industrial, etc. Los encargados de WIPO son elegidos a dedo, y cada Estado o país, no importa su tamaño, tiene derecho a un solo voto. Gracias a ello los países en desarrollo han podido tener algo de influencia. No olvidemos que somos países sujetos a tratados universales en donde siempre salimos perdiendo. De todos modos, la organización de libre comercio está bajo el poder del Norte.
Si enumeramos las instancias que controlan la propiedad de los que nos tienen como clientes cautivos, nos daremos cuenta que defender la propiedad privada de los poderosos, es el papel de los cómplices del que domina, y no los que buscan la libertad y desarrollo de los dominados. WIPO se forma de comités que abarcan, además de los derechos de autor y los relacionados, los del Acuerdo de Tarifas e Intercambio, las Patentes, el acceso a recursos genéticos, al conocimiento tradicional y folklor, etc. Las iniciativas sudamericanas por flexibilizar y dar menor fuerza a los derechos de propiedad han sido vistas por la WIPO como contrarias a sus metas.
Por fin se logró en 2004 adoptar una propuesta de Argentina y Brasil, para establecer una agenda de desarrollo, pensando en el futuro de la WIPO. Se está trabajando en un borrador titulado Acceso al Conocimiento, o A2K. Al lector interesado en asomarse a uno de los temas de mayor importancia para los consumidores del la era digital; y entender por qué los grupos de presión se arriesgan a proponer la criminalización de los actos de cientos de miles de personas; y qué expectativas existen en el futuro para luchar por una mayor justicia en la legislación del derecho de autor, le recomiendo que navegue por el a2knetwork.org
Meditar en este tema es necesario para entender mejor el ir y venir del péndulo que se mece entre la actividad de copiar y la de crear.
vlporter@yahoo.com es profesor de la UAM Xochimilco.
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